Panameño vida mía…

Estamos en el mes de la patria y como siempre celebramos con patriotismo y civismo, o al menos eso queremos pensar. El hecho es que siempre me entra esa onda reflexiva cada vez que pasa un 3 de noviembre, amo a mi país pero hay cosas que de verdad no soporto, vainas que nos hace más mal que bien y que han sido aceptadas como parte de nuestra cultura como si fueran virtudes de las que no podemos escapar, en este país celebramos lo malo bajo la excusa de que es “parte de la panameñidad”.

Nos sentimos orgullosos de nuestros defectos, de nuestras fallas. Nos quejamos del juega vivo y la corrupción pero todo empieza desde abajo colándose en la filas o sobornando al tránsito cuando nos quieren poner una boleta bien merecida. Nos quejamos de que haya agentes del orden que nos reprenden lo malo y exigimos que “vayan a atrapar a los verdaderos criminales” cuando se trata de nosotros cometiendo un delito. Para mejorar un país y construir civismo y paz social hay que empezar desde las cosas pequeñas. Celebramos lo malo porque supuestamente es lo más atractivo, porque “si los de arriba roban yo también lo puedo hacer” cuando es desde la intolerancia a esas conductas en nuestro entorno que debemos partir para luchar todos juntos contra los malos políticos.

Nos encanta el bochinche y la chabacanería y lo aceptamos también como parte de “nuestra identidad”. Glorificamos a seres como Franklin Robinson que ha hecho su fortuna destruyendo a gente en su programa y nos reímos de la One Two, uno de los personajes más nefastos y que en los últimos años se ha puesto hasta vulgar ahora que es libre de las ataduras de las televisoras panameñas. Aceptamos esa cacareada “alegría tropical” para justificar la borrachera y vemos en cada carnaval La Cáscara y nos reímos de la gente haciendo ridiculeces. Nos reímos de nuestros defectos en vez de encararlos y buscar su erradicación, su eliminación, su fin…

Tenemos tanto por mejorar y créanme no es anti-nacional echar una mirada a países desarrollados. No hay nada de malo en dejar de glorificar pendejadas de nuestra supuesta “cultura”. Se necesitan hombres y mujeres con la voluntad política y popular de levantarle el trasero al panameño común y lo adecente, alguien que no tenga miedo a decir “vamos a imitar lo bueno de los países de primer mundo, vamos a ver cual es el secreto de su éxito”. Necesitamos gente que no tenga miedo a mirar a Dinamarca, Islandia, Finlandia o Suiza y que desde los cimientos sacuda a este país y lo ponga a caminar en línea recta, yo con gusto sacrificaría nuestra “alegría caribeña” por un poco de metodismo y orden europeo.

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